“No me gusta el verano" y no pasa nada
A muchas personas el verano les despierta miedos y alimenta fantasmas
El verano tiene muy buena prensa. Cuando se acerca junio, parece que todo el mundo empieza a hablar de vacaciones, viajes, terrazas, días largos y momentos inolvidables. Las redes sociales se llenan de fotografías en la playa, escapadas de fin de semana, atardeceres espectaculares y sonrisas que transmiten una sensación constante de felicidad. Socialmente hemos construido la idea de que el verano es la estación del disfrute, la época en la que deberíamos sentirnos más libres, más relajados y más conectados con la vida.
Sin embargo, esta visión no refleja la experiencia de todas las personas. Aunque pueda sorprender, hay quienes no viven la llegada del verano con entusiasmo. Para algunas personas, esta época del año despierta emociones incómodas, sentimientos de soledad, ansiedad o incluso una tristeza difícil de explicar. Y, además de gestionar esas emociones, muchas veces tienen que enfrentarse a otra dificultad añadida: la sensación de que algo está mal en ellas por no estar disfrutando del verano como parece hacerlo el resto del mundo.
Cuando el verano no se siente como debería
La realidad es que no existe ninguna obligación de sentirse bien porque el calendario marque junio, julio o agosto. Las emociones no funcionan de esa manera. El hecho de que los días sean más largos o que las temperaturas sean más agradables no elimina automáticamente las preocupaciones, los conflictos internos o las circunstancias personales que cada uno arrastra. Cada persona llega al verano con su propia historia, con sus propias experiencias y con una mochila emocional que no desaparece simplemente porque empiece la temporada de vacaciones.
A menudo olvidamos que las emociones no entienden de estaciones. El malestar emocional no desaparece porque haga sol ni porque el entorno nos invite a disfrutar. De hecho, para algunas personas, la presión por sentirse bien durante el verano puede aumentar todavía más la sensación de desconexión consigo mismas.
Cuando el ruido exterior disminuye
Para algunas personas el verano supone precisamente lo contrario de lo que socialmente se asocia a él. Durante gran parte del año vivimos inmersos en rutinas que, nos demos cuenta o no, aportan una sensación de estructura y estabilidad. Los horarios laborales, las responsabilidades diarias o las actividades habituales ocupan gran parte de nuestro tiempo y nuestra atención. Cuando llega el verano, muchas de esas rutinas desaparecen o se reducen, dejando espacios vacíos que antes estaban ocupados.
Y es precisamente en esos espacios donde pueden aparecer emociones que durante meses habían permanecido en segundo plano. Hay personas que descubren que se sienten más solas de lo que pensaban. Otras toman conciencia de una relación que no funciona, de una insatisfacción laboral o de un malestar emocional que habían conseguido mantener a raya gracias al ritmo frenético del día a día.
Cuando disminuye el ruido exterior, muchas veces se vuelve más evidente el ruido interior.
La trampa de compararte con los demás
A todo esto se suma otro fenómeno cada vez más presente: la comparación constante. Durante el verano, las redes sociales suelen intensificar la sensación de que todo el mundo está disfrutando, viajando, compartiendo experiencias emocionantes o viviendo momentos especiales.
Y aunque racionalmente sabemos que las redes muestran una versión parcial de la realidad, emocionalmente no siempre resulta tan fácil recordarlo.
Nuestro cerebro tiende a comparar nuestra vida cotidiana con las imágenes cuidadosamente seleccionadas que vemos en las pantallas. Sin darnos cuenta, podemos empezar a cuestionar nuestra propia experiencia porque no se parece a la que observamos en los demás.
Sin embargo, lo que vemos son fragmentos aislados, no la realidad completa. Detrás de cada fotografía existe una vida con sus propias dificultades, inseguridades, preocupaciones y conflictos, aunque eso raramente aparezca publicado.
No tienes que disfrutar del verano porque sí
Por eso, una de las ideas más importantes que conviene recordar es que no necesitas que te guste el verano. Puede parecer una afirmación sencilla, pero para muchas personas resulta profundamente liberadora.
No tienes que disfrutar de la playa. No tienes que sentir ilusión por las vacaciones. No tienes que llenar tu agenda de planes ni aprovechar cada fin de semana para hacer algo extraordinario. Y, sobre todo, no tienes que sentirte culpable por experimentar emociones distintas a las que la sociedad espera de ti.
Cada persona tiene una forma distinta de vivir esta época del año. Y todas ellas son válidas.
Escuchar lo que te ocurre
Muchas veces, el sufrimiento no proviene de la emoción que estamos sintiendo, sino de la resistencia que desarrollamos hacia ella. Nos incomoda estar tristes cuando creemos que deberíamos estar felices. Nos preocupa sentirnos solos cuando todo parece invitar a la conexión y la diversión. Nos juzgamos por no encajar en una imagen idealizada de cómo debería ser esta época del año.
Sin embargo, las emociones no son errores que deban corregirse. Son señales que contienen información valiosa sobre nosotros mismos. Cuando dejamos de luchar contra ellas y empezamos a escucharlas, aparece la posibilidad de comprender qué necesitan mostrarnos.
Quizá detrás de esa incomodidad haya una necesidad no atendida. Quizá exista una etapa vital que requiere atención. O tal vez haya una situación que llevas demasiado tiempo ignorando.
Por eso, la pregunta no debería ser por qué no te gusta el verano. Quizá la pregunta más útil sea: ¿Qué está intentando mostrarme esta experiencia?
Y si este verano no te gusta…
Este artículo es el primero de una serie dedicada a esos miedos, inseguridades y fantasmas que el verano puede despertar. Porque aunque se hable poco de ello, muchas personas viven esta estación de una forma muy diferente a la que muestran los anuncios o las redes sociales.
Y es importante normalizarlo.
Si eres una de esas personas que no espera con entusiasmo la llegada del verano, si esta época del año te genera más presión que ilusión o si simplemente no te identificas con la imagen idealizada que suele acompañarla, quiero que recuerdes algo:
No te gusta el verano. Y no pasa nada.