¿Por qué la Navidad me genera ansiedad antes de que llegue?

Cuando la Navidad no es sinónimo de ilusión y felicidad

Acabas de guardar la calabaza de Halloween y, casi sin darte cuenta, ya estás viendo árboles de Navidad en los escaparates, luces en las calles, turrones en el supermercado y anuncios que te recuerdan que se acercan unas fechas muy especiales. Todavía estamos en noviembre y parece que la Navidad ya está aquí.

Y puede que tú todavía no tengas ninguna gana de que llegue. Quizás incluso la Navidad te genera ansiedad antes de que empiece.

No porque necesariamente no te guste la Navidad. O quizá sí. Pero lo cierto es que no todas las personas vivimos estas fechas de la misma manera. Para algunas, encender las luces, preparar el árbol y pensar en las reuniones familiares despierta ilusión. Para otras, provoca cansancio, estrés o tristeza. A otras personas les genera ansiedad y para algunas, simplemente, les gustaría que enero llegase cuanto antes.

¿Por qué la Navidad puede generar ansiedad?

Hay algo curioso en la Navidad: aunque todavía falten semanas, socialmente empezamos a vivirla mucho antes de que llegue. Aparece en las tiendas, en la publicidad, en las conversaciones, en las redes sociales, en las comidas que hay que organizar, en los regalos que todavía no hemos comprado y en las agendas que empiezan a llenarse.

De repente aparece esa sensación de: “¿Ya estamos otra vez con esto?”. Puede que todavía estés intentando recuperar el ritmo después del verano, que noviembre sea un mes especialmente intenso en tu trabajo, que estés cansado/a o que simplemente no tengas ningún interés en empezar a pensar en Navidad todavía.

Sin embargo, parece que existe una especie de obligación colectiva de entrar en “modo Navidad”. Y cuando tú no estás ahí, puede aparecer cierta contradicción. Puedes preguntarte por qué no te hace ilusión, qué te pasa o por qué no estás disfrutando como parece que lo hacen los demás.

Pero quizá no te pasa nada. Quizá simplemente la Navidad te encuentra en un momento diferente al que se supone que deberías estar.

¿Qué sientes cuando piensas en la Navidad?

Antes de preguntarnos si nos gusta o no la Navidad, quizá sería interesante preguntarnos qué sentimos cuando pensamos que se acerca. Porque la Navidad puede despertar emociones muy diferentes. Puede aparecer alegría, ilusión, nostalgia, tranquilidad o ganas de compartir, pero también pueden aparecer estrés, tristeza, ansiedad, irritación, apatía, miedo o cansancio.

Imagina que llevas semanas con mucho trabajo. Llegas a casa agotado/a y empiezas a pensar que dentro de poco tendrás que organizar comidas, comprar regalos, desplazarte, ver a personas con las que apenas tienes relación durante el resto del año y responder a todas las expectativas que parecen venir asociadas a estas fechas. Quizá todavía no ha llegado diciembre y ya estás pensando: “No quiero que llegue la Navidad”.

O quizá llevas meses echando de menos a alguien que ya no está y sabes que sentarte alrededor de una mesa en Navidad hará que esa ausencia se haga todavía más evidente. Puede que estés atravesando una separación y este año las Navidades vayan a ser diferentes. O que tu situación económica haya cambiado y pensar en regalos, viajes y celebraciones te genere preocupación. También puede ocurrir, sencillamente, que necesites descansar y que la llegada de las Navidades te haga pensar en todo lo que vas a tener que hacer.

En todos estos casos, la Navidad no es solamente la Navidad. Es todo aquello que asociamos a ella.



Ansiedad antes de Navidad: cuando las fechas activan recuerdos y emociones

Las fechas señaladas tienen algo especial: nos conectan con nuestra historia. Con nuestra infancia, con las personas que estaban, con las que ya no están y con cómo eran las cosas antes.

Quizá recuerdes las Navidades de cuando eras pequeño/a, cuando todo parecía más sencillo. Quizá recuerdes una casa llena de gente, una persona que siempre estaba presente, una tradición familiar o un lugar al que ya no vuelves. O unas Navidades que fueron especialmente difíciles.

Aunque hayan pasado muchos años, determinadas fechas pueden hacer que algunas emociones vuelvan a aparecer. Por eso, cuando alguien dice “no sé qué me pasa, pero no tengo ganas de Navidad”, quizá merezca la pena detenerse un poco antes de intentar cambiar ese sentimiento. Porque detrás de ese “no tengo ganas” puede haber muchas cosas.


¿Por qué no me gusta la Navidad?

No todas las personas disfrutan de la Navidad, y eso no significa necesariamente que exista un problema. Puede que no te gusten las reuniones familiares, que prefieras pasar estas fechas de otra manera, que te resulte difícil estar con determinadas personas, que eches de menos a alguien o que estés atravesando un momento complicado. También puede ocurrir que simplemente no te identifiques con la idea de felicidad y celebración que suele acompañar a estas fechas.

Vivimos rodeados de mensajes que nos dicen cómo debería ser la Navidad: familias felices, mesas llenas, reencuentros emocionantes, regalos, celebraciones e ilusión. Parece que durante unas semanas todos deberíamos estar especialmente felices.

Y cuando nuestra realidad no encaja con esa imagen, podemos sentir que hay algo que no estamos haciendo bien. Pero no existe una emoción correcta para Navidad.

Puedes estar ilusionado/a y al mismo tiempo sentir tristeza. Puedes disfrutar de una cena y echar muchísimo de menos a alguien. Puedes querer a tu familia y no tener ganas de pasar diez horas con ella. Puedes disfrutar de algunas tradiciones y querer romper con otras. Puedes tener ganas de celebrar o no tenerlas. Y todo eso puede formar parte de tu Navidad.


El estrés navideño y la presión por estar feliz

Quizá una parte del malestar que sentimos durante estas fechas tenga que ver con todo lo que creemos que deberíamos hacer. La obligación de disfrutar, de reunirnos, de estar disponibles, de comprar, de estar felices y de conseguir que todo sea especial puede convertirse en una carga.

Cuando todavía estamos en noviembre y ya empiezas a sentir el peso de todo eso, es comprensible que quieras que enero llegue cuanto antes. A veces, el estrés de Navidad empieza mucho antes de la propia Navidad.

Reconocerlo puede ser el primer paso para entender qué necesitas y para empezar a plantearte si realmente quieres vivir estas fechas como lo has hecho hasta ahora.


¿Cómo afrontar la Navidad cuando te genera ansiedad?

Quizá este año puedas hacerte una pregunta diferente. En lugar de preguntarte “¿por qué no me gusta la Navidad?”, puedes preguntarte: “¿Qué es exactamente lo que me está generando malestar cuando pienso en ella?”

Quizá encuentres una respuesta. Puede ser la presión familiar, una pérdida, el miedo a estar solo/a, una situación económica complicada, la necesidad de cumplir determinadas expectativas, el cansancio o un conflicto familiar. También puede ser, simplemente, que necesitas vivir estas fechas de una manera diferente.

Quizá esa respuesta tenga poco que ver con los villancicos, las luces o el turrón. Porque detrás de la Navidad hay vínculos, recuerdos, expectativas, ausencias, cambios y emociones. Y cada persona llega a estas fechas con su propia historia.


No existe una única manera de vivir la Navidad

No hay una Navidad que tengas que vivir obligatoriamente. No tienes que sentir ilusión porque sea Navidad, no tienes que reunirte con todo el mundo, no tienes que estar feliz y tampoco tienes que repetir las mismas tradiciones todos los años.

Tampoco tienes que justificar que este año necesitas hacer las cosas de otra manera. No existe una única forma correcta de vivir la Navidad.

Quizá el primer paso para vivirla de una forma más amable sea permitirte descubrir qué necesitas tú este año. Porque existen tantas Navidades como personas, y quizá la tuya no tenga que parecerse a la de nadie.


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